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Nuestro overol, nuestro orgullo

  • 3 mar 2017
  • 10 min de lectura

La camiseta de nuestro club es para muchos de nosotros, nuestro orgullo, nuestro tesoro; nuestro bien más preciado. Con mucho esfuerzo reunimos la plata para comprarla año a año, muchas veces dejando de adquirir otros bienes por tenerla en nuestras manos, que importa, todo lo demás queda reducido a nada.


Nosotros sabemos que no hay joya más preciosa que la listada aurinegra en nuestra piel; por eso la cuidamos como hueso santo y la defendemos a muerte si es preciso (literalmente a muerte), no hay pichanga en la que no la luzcamos con orgullo; los fanáticos, (entre los que me encuentro yo) la usamos en todas partes; casa, en la calle, en reuniones de amigos, con la polola e incluso para dormir; es nuestro escudo, es nuestro emblema, es la armadura que domingo a domingo usamos en el estadio y cual jugadores en cancha la traspiramos en las gradas, no solo con sudor, pues como dijo Juan Pablo en la columna anterior en VIAL señoras y señores la camiseta no se moja: ¡SE SANGRA!


La del VIAL, en Chile es inconfundible, la aurinegra es sencillamente hermosa, algo tiene que nos hace pensar que no existe otra con sus características y que sus colores son lo máximo, tiene un magnetismo especial, una mística inigualable que la quisiera cualquier otro equipo. Desde sus inicios, los colores que han identificado al club son el amarillo y el negro, colores tomados de la locomotora The Rocket de Stephenson, la maquina a vapor más rápida de su tiempo, símbolo de una época que marcó un antes y un después para el mundo ferroviario, por ello cada equipo del orbe con tradición ferrocarrilera juega con estos colores, Fernández Vial no es la excepción.


El Negro es negro aquí y en la quebra’ del ají, pero el amarillo no es cualquier amarillo, en VIAL hay uno solo, para los entendidos en materia de colores, el nuestro es el denominado “amarillo tránsito” y no hay otro; por eso para muchos de nosotros la camiseta del 2016 nos causó algo de ruido, si bien su diseño era lindo (no así su calidad de estampados), ese amarillo casi fluorescente característico del Borussia Dortmund nunca terminó por convencernos del todo.


Del gestor de tamaña afrenta a nuestra historia y su numerito de final de año con la camiseta de la discordia, cuyo único elemento rescatable fue la leyenda ORGULLO OBRERO, no me referiré en esta oportunidad, a él le tengo un lugar especial, para cuando hable de los traidores, pero si estás leyendo esta columna Claudio, sí, a ti te hablo Claudio Pozo; te digo, la gente del VIAL puede tener muchos defectos, pero nunca mala memoria, el pueblo vialino te la va a cobrar.


Decir que la aurinegra para un vialino es su segunda piel es poco, hablar de que nuestra insignia está marcada como tatuaje en el brazo no es una locura, hay miles de relatos entre los vialinos que hablan de lo que es y lo que significa para nosotros nuestra camiseta, no son pocos los que rayando en una locura casi extrema, la han plasmado en su pecho, espalda o brazo tatuándola para siempre, así sin más, sin vueltas atrás, sin miedos ni temores al qué dirán, porque el amor es así.

No hay jugador que haya pasado por VIAL y no haya reconocido el orgullo y la responsabilidad que implica jugar en una cancha de futbol con la aurinegra en el cuerpo, es un peso enorme, son más de cien años de historia, de lucha y de pasión, pues cada vez que la usas dejas de ser quien eres y pasas a ser uno solo, revistiéndote de orgullo, de familia, de amor, de invariante ferroviaria, de una raza única, de inmortalidad.


Este año, la camiseta de Fernández Vial es sencillamente hermosa, en ella se plasman a mi parecer el sentir de muchos hinchas (en relación al diseño), será única, evocara quienes somos desde nuestros orígenes, respetando al pie de la letra una tradición que este año cumple 120 años; créanme cuando les digo que es bellísima, será un orgullo que todos querrán tener en sus manos, tanto como el ansiado asenso que este año si o si se nos tiene que dar.


A cargo de la empresa curicana OneFit, se destacan el histórico amarillo tránsito, las franjas negras rectas sin cortes y un cuello especial tipos retro, la insignia estará sobre un fondo negro, en el brazo izquierdo estará el rostro del almirante y en la parte posterior del cuello se hará un reconocimiento a nuestros orígenes como International F.C., la leyenda ORGULLO OBRERO único detalle rescatable de aquella infame camiseta, venida supuestamente de tierras germanas, habría sido el broche de oro.


Atención Familia Vialina, el proximo sábado 11 de marzo se acabará la espera, a partir de las 19:00 horas, en la Discotec Havana de Concepción se hará la flamante presentación en sociedad del overol Vialino que nos vestirá esta temporada 2017. Al más estilo europeo (modelos incluidas), se presentará la indumentaria junto al primer equipo, estarán presentes jugadores históricos de Vial (sorpresa) y se contará con la participación especial de Felipe Avello y otros personajes famosos de la región


¿Novedades para este año?, porque somos una Familia, nadie quedará afuera, se venderán camisetas especiales para mujeres y niños, así como tallas para hinchas, esta será otra más de las miles de instancias para encuentro de la Familia Aurinegra, recuerden llevar todos sus ‘luquitas’ porque se venderán ahí mismito, junto a otros productos del VIAL, este año señores se viene con todo, y esta instancia será útil para la recaudación de fondos frescos para el club así como para la captación de socios, la entrada a solo $2 mil.


Finalmente a los jugadores, solo decirles una cosa, esta no solo es una tela con colores y estampados, la aurinegra señores es amor, y con el amor NO se juega, siéntanla, abríguense con una historia centenaria, añórenla, cuídenla y sobre todo mójenla para que se quede en su piel, tal como lo hizo Feñita, el protagonista de esta historia, Salud Vialinos


En la Piel


Ayer buscando un cuadro entre los cachureos de la bodega, sin querer después de un largo tiempo volví a llorar; una vez más la emoción embargo mi mente, esta vez adulta, pero de una manera similar a la de ese medio día de navidad, mientras tenía en mis manos esa pequeña, desteñida y apolillada camiseta de fútbol, volví a recordar cada momento de aquel instante eterno en mi historia.


El amarillo ya estaba casi café, el negro había perdido su intensidad y del escudo del lado izquierdo ya no que quedaban ni vestigios. Como olvidarlo, como no recordar el esfuerzo de mi madre cociendo a mano la camiseta que me hizo feliz, como olvidar esa frase de mi viejo, que sellaría a fuego y para siempre este amor.


En casa no habían muchas lucas, mi mamá ganaba el mínimo de esos años y a mi viejo en el taller no le pagaban nunca a tiempo, la puta crisis por la que Chile pasaba en los 80´ hacía que nuestra situación fuera a veces más que precaria, se podría decir que fuimos pobres, pero la dignidad siempre estuvo presente. Jamás pase hambre, pero de lujos ni hablar, menos de regalos para el cumpleaños o las fiestas de navidad, fue duro, sí, pero atesoro cada instante de esa época, pues me dieron la fuerza para ser lo que hoy soy y valorar las cosas que he logrado.


En esos años, la moda entre los cabros de mi edad, era tener la camiseta del equipo que tu viejo te había heredado; del equipo de tus amores. Todos los cabros chicos lucían para la pascua sus poleras del Colo o la U, creyéndose el Carlos Caszely o el Mariano Puyol de la cuadra, la norma era que si eras niño, o niña si el viejo no tenía hijos hombres, era que tu regalo de navidad de los 10 años fuera la tenida de cancha de tu club, incluidos el short y las calcetas y como no; las insuperables zapatillas tigre, de chuteadores ni hablar, eran muy caros y pal cemento no servían; por eso era típico que entre los amigos se hablara del tema desde el primero de diciembre, nadie quería ser menos, sin embargo yo nunca quise entrar en esas conversaciones, siempre me iba antes que termináramos de pelotear, pues sabía lo que venía al terminar cada partido, a los diez años uno toma conciencia de la vida y cosas como esta daban cuenta de ello.


Los días previos a esa navidad del 86´ mi vieja y Pedro su compañero, mostraron la típica indiferencia de los años anteriores, nada de compras, nada de grandes modificaciones en la rutina, con suerte un árbol de pino real, adornado con lanas de colores y un pesebre al que le faltaban piezas; salvo por las constantes trasnochadas de mi vieja, de las cuales me percataba por las luz prendida de su pieza y esa tosecita seca típica de cuando se le helaba la espalda, nada fue distinto, por ello asumí como mía esa resignación a la cual ya me estaba acostumbrando.


Llego así el 25, recuerdo que me desperté tarde ese día, tipo 11; si bien no teníamos mucha plata, la cena siempre estuvo presente, mi vieja era de las que respetaba esas tradiciones aun cuando nos encalilláramos, por eso nos dormimos tarde. Me levante y lo primero que veo a los pies de mi cama fue un obsequio con papel de regalo con motivos de pelotas de fútbol, me incorpore rápidamente, y pegue el grito, no lo podía creer…un regalo…-¿mamá este regalo es pa´ mi?- Sin esperar la respuesta de mi vieja, lo abrí rápidamente a medida que el papel se despedazaba y dejaba ver los colores de esas telas, mis ojos se fueron llenando de una acuosa alegría, no hay como describir la sensación de felicidad que viví en ese momento, verla ahí fue sencillamente sublime. Era distinta a las que conocía, era artesanal, cocida a mano, franja por franja, una amarilla y otra negra, una amarilla y otra negra, por fin la camiseta de Fernández Vial era mía; que importaba si no era la original, o la que vendían en la vega, que importaba si no tenía numero en la espalda o que no tuviera marca, o que la insignia estuviera pintada con pintura negra en lugar de estampada, en mi mente de niño todo eso me daba lo mismo, en ese momento lo único que me importaba era que tenía mi camiseta, la del VIAL con la cual me luciría en el barrio y jugaría de tú a tú con mis amigos y porque no; ser el Hardy Pérez de la cuadra. [if !supportLineBreakNewLine] [endif]

Me levanté rápidamente, me vestí de aurinegro, tomé el mejor desayuno de mi vida, y salí a la cancha del barrio, ya habían llegado todos solo faltaba yo, cuando llegue mi camiseta destaco de inmediato, habían blancas, azules una de la católica y otra morada, la única aurinegra era la mía, fue un orgullo estar allí ese día, jamás lo olvidaré.

- Ya cabros, tres pa´ tres, el Manolo, el Feña y yo, contra ustedes tres- dijo Rodrigo, era el más grande y el más bueno pa´ la pelota del grupo, por eso y fieles a las reglas de las pichangas de barrio, nadie chistò, la cosa estaba pareja, lo único que había pedido era no quedar con el Anibal, pues el era del Conce; en la vida, en la escuela podríamos ser amigos, pero en la cancha nos separaba la vida entera, por suerte quedo en el otro equipo, tras chiflido del Manolo nos pusimos a jugar.


No sé si fue la mejor pichanga que jugué en mi vida, pero si la que más recuerdo, nunca fui muy bueno pa´ la pelota, me defendía pero un crack jamás, sin embargo, ese día fui una verdadera máquina aurinegra, me los pasaba a todos, ni yo me la creía, fue un auténtico espectáculo, incluso la gente del barrio salió a mirarnos, se diría que fue una mañana épica, pronto empecé a transpirar como condenado, el sol en lo alto hacia su cenit y su efecto en mí se hacía notar, mojado hasta donde el jamás llegaría a iluminar, di la vida en cada balón.


- Ya cabros último gol gana, pese a que íbamos ganando por diferencia de tres, nuevamente las reglas son las reglas, y entre los tres nos juramentamos ganar, el Rodrigo saco corto y se la paso al Manolo, este me dio un pase y se la devolví al instante, encaro; se pasó a dos y me dio un pase entre líneas; quede solo frente al arquero araña, era el gol del triunfo o la vergüenza moral, la pique rápidamente y cual delantero de fuste cerré los ojos y le pegue un puntete con el alma.


-Gooool gritó Rodrigo, ganamos jajajaj….celebre ese gol como lo hacían los del VIAL con el puño en alto (el izquierdo siempre), corriendo y besando el escudo de la camiseta, fue ella quien me había dado la suerte, era que no, había que gritarlo con el alma. Sin embargo, algo paso, cuando besaba la insignia, un amargor propio de algo químico se depositó en mis labios y posteriormente entro en mi boca, inmediatamente repare en el detalle de que el escudo del VIAL ya no era el de la mañana, y parte de el ya no estaba, la otra se había chorreado toda por el agua y la sal de mi sudor, mientras terminaba de celebrar, la vergüenza de niño se apodero de mis piernas y solo atine a correr -chao cabros estuvo buena la pichanga, me tengo que ir rápido-, me despedí de lejos para que no vieran mi desgracia -nos vemos en la tarde- dije con voz fingida.

Mientras corría a la casa, lágrimas como las de la mañana brotaron de mis ojos, esta vez no de felicidad sino de pena, de vergüenza.


- Cómo te fue hijo, cuantos goles metiste- me pregunto mi vieja, antes de verme llorar. - Qué te paso Feñita porque vienes con esa cara y con los labios negros. - Mira lo que le paso a mi camiseta mama- le respondí, mientras le indicaba lo que quedaba de escudo y le contaba lo del último gol, de mi celebración, de mi vergüenza y de cómo me entere de la desgracia.


En eso llego el Juan, mi viejo, que hacia cosas en el patio y al ver la situación y enterarse de lo sucedido, se arrodillo antes mí y tal como ese día a la salida del estadio, me dijo una de frase que jamás olvidar -”tranquilo Feñita, ahora ese escudo se te paso al corazón y de ahí nadie lo moverá jamás”, ahora ve a ducharte que vamos a almorzar- con diez años una frase así te queda en la mente para siempre, y te estremece hasta el alma; por un instante se me paralizo el corazón y de paso se me acabo el llanto. La rabia y la pena por lo vivido; se cambió por el orgullo y la alegría de llevar puesta esa camiseta, sin embargo, ese medio día de navidad aun me depararía una sorpresas más hermosa.

Antes de entrar a la ducha, y estando aun en la cocina me saque la polera para celebrar a torso desnudo; al dejar libre la cabeza, inmediatamente resalto en mi pálida piel una mancha negra a la altura del corazón, marcada para siempre y tal como me lo dijera mi viejo minutos antes, plasmada cual tatuaje, estaba la insignia de mi equipo. El escudo del VIAL se había traspasado íntegramente a mi pecho, se había desteñido de la tela para hacerse eterna en mi piel, fue algo sencillamente hermoso, solo los que me conocen habrán de entenderme; desde ese instante y para siempre las líneas de aquella insignia estarían plasmadas en mi corazón, como olvidar aquel momento, como olvidar esa frase del viejo, hoy estas lagrimas hacen que en mi mente aun queme el fervor de aquel recuerdo, por que como lo dijera un relator de futbol concoido, yo no vibro con la ópera o con el arte, yo vibro con el fútbol, yo vibro con el VIAL.


FOTO: FERNANDO LAGOS


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